La importancia de ser constante

Yo creo que lo más difícil de “hacer dieta” es tener voluntad y ser constante. Lo primero llega un momento en que lo conseguimos, porque buscamos la motivación necesaria. Pero lo de la constancia ya es harina de otro costal. ¡Vaya si nos cuesta mantener una dieta saludable en el tiempo! Y más como seamos personas con numerosos compromisos sociales (afortunadamente no es mi caso) y que habitualmente seamos invitados a bodas, comuniones, bautizos, cumpleaños de niños y adultos, inauguraciones y presentaciones…en las que hay menús abundantes, buffets, merendolas cargadas de alimentos dulces y apetecibles, snacks y tentempiés. Porque otra cosa no, pero nos encanta acompañar de comida -y, por lo general, poco saludable- cada celebración. Parece que cuanta más comida y bebida haya, mejor es la celebración.

A esto hay que sumarle el “terraceo” típico del verano además de sus helados, las abundantes comidas de Navidad, las torrijas de Semana Santa, los pastelitos de las fiestas locales…Es un boicot constante a nuestra salud y a nuestro peso. ¿Cuántos hemos dicho “Después de Navidad me pongo a dieta” y tres meses después hemos dicho “en cuanto pasen las fiestas de Semana Santa” y de pronto nos hemos visto en junio, en plena “operación bikini” acordándonos de todos nuestros ancestros porque estamos como un tonelete y hemos pretendido adelgazar en un mes todo lo que no hemos adelgazado en seis?

Craso error. No podemos ni debemos hacer locuras con la comida ni pretender adelgazar sólo porque llega el verano y queremos lucir cacho. Ni tampoco vivir siempre justificándonos con excusas. Admitámoslo, somos expertos en el arte de procrastinar y mientras no nos planteemos esto como un cambio de hábitos indefinido y como nuestra dieta definitiva…seguiremos adelgazando y engordando hasta el fin de nuestros dietas. Y yo, como no estoy libre de pecado para tirar la primera piedra, os enlazo a mi ANTERIOR BLOG en el que hay poquitas entradas, pero se puede ver que en 2013 lo intenté, en 2014 de nuevo y, como no, en 2015…y muchas más veces que no las mostré en el blog, porque para qué escribir si yo veía que no iba a ser constante. Si veía que no podía confiar en mí misma (muy triste) y no ponía la mano en el fuego por conseguir mi propósito. Espero que en esta ocasión, que he superado los cuatro meses (nunca me cuidé tanto tiempo seguido en toda mi vida) y sigo motivada…no sea otro fiasco que sumar a mi innumerable lista de intentos infructuosos.

Así que si estás leyendo esto y piensas “Oh, sí, me veo con motivación e ilusión, tengo mucho por lo que luchar, quiero perder peso y ganar en salud y comenzar ya mismo”…¡perfecto! Pero has de saber que el camino de la voluntad y la constancia no es fácil. Muchas veces tu propio entorno te va a boicotear diciendo “mujer, no pasa nada por dos bombones” o “por un día…” o “no puedes decirle que no a esta tortillaca de patata, luego por la noche cenas verdurita y compensas” y así hasta el infinito y más allá. Y luego tu propio cuerpo va a pedirte a gritos todo lo que sabes que no te conviene, porque lleva un exceso de grasas, de azúcares y de calorías que…sí, que en su conjunto tiene un sabor y textura increíble, pero va a echar por tierra todo tu trabajo.

Hay cositas que funcionan para controlar el ansia viva, como tener en casa chocolate 70% o superior (yo he probado el 70% y el 85% y tengo pendiente el 99% cacao) y ante un momento en que sabemos que vamos a vaciar la estantería de Donuts del supermercado, siempre serán mejor dos onzas (bien saboreadas, despacito) de chocolate bueno que un ultraprocesado. Pero en realidad no podemos recurrir al chocolate, por muy puro que sea, cada vez que sintamos ansiedad por comer…sino que debemos aprender a gestionar esa ansiedad. En la anterior entrada os hablaba del programa de TV Mi vida con 300 kilos en el que se puede ver cómo muchas personas han llegado a superar la barrera de los 300 kilos porque (pensaréis que la cosa se les fue de las manos y no actuaron a tiempo…esto sin duda) no han sabido gestionar sus emociones. Muchos eran niños que, por desgracia, de pequeños sufrieron situaciones traumáticas y buscaron rellenar ese vacío emocional, estrés, miedo y frustración comiendo. Y no precisamente ensaladas ni woks de verdura. Y creeréis “no es mi caso, mi infancia fue muy feliz y…¿cómo voy a llegar yo a 300 kilos?”. No os confiéis, aunque de todos modos nadie habla de que podáis llegar a ese peso, sino de que si estáis leyendo esto seguramente es porque sabéis que ahora mismo tenéis la situación fuera de control y coméis mucho “por ansiedad” o por cualquier otra excusa que os ponéis. Y son pocas las personas que no recurren a la comida (o a recursos peores) cuando quieren calmar sus emociones.

Si lográis ser conscientes de que estáis abriendo la nevera o la despensa o bajando al supermercado de la calle de al lado para buscar algo muy dulce, grasoso, calórico y nada, nada natural…y que no lo hacéis por hambre, sino por la excusa que ese día corresponda…ya tendréis parte del camino avanzado. A lo largo de nuestra vida no van a ser pocas las veces que vamos a sufrir verdadera ansiedad y tristeza por numerosos sucesos, del mismo modo que serán muchas las veces que nos invitarán a cumpleaños, inauguraciones, bautizos, bodas y comuniones. Y hay que saber cómo hacer frente a todo esto sin echar por tierra un trabajo tan importante como el de CUIDARNOS. Porque,  aunque aquí y en todas partes hablemos de “dieta” (término que hay que entender no como “dieta de adelgazamiento” sino como “modo de alimentarnos”), no hay que perder de vista que nuestro objetivo no es sólo que la báscula nos marque un número razonable o que la ropa que nos gusta nos entre sin que parezcamos una morcilla de Burgos…sino que ese objetivo es cuidarnos, mimarnos, darle a nuestro cuerpo una alimentación saludable a la par que deliciosa y un ritmo de actividad acorde a nuestra salud, edad y resto de circunstancias.

A partir de ahí y si ya os habéis planteado que mañana es el gran día para empezar…sed previsores. Lo primero que necesitáis es hacer una buena compra de comida y alejar de vuestra vista todo lo que tengáis por casa y que sabéis que no os conviene. Para estar bien preparados para hacer esa primera compra, os invito a leer antes un artículo, del genial dietista nutricionista Carlos Ríos, llamado Qué es comida real para que no compréis productos que muchas empresas de alimentación (más bien “empresas de desnutrición”, porque precisamente son alimentos que no nutren bien) os van a intentar vender bajo las etiquetas de “0% grasas”, “Cero azúcares (añadidos)”, “Sin gluten”, “Sin aceite de palma”, “Light”, “Con fibra”, “Con 10 cereales, 12 vitaminas y 8 minerales”, pero que en realidad son productos procesados o ultraprocesados que se anuncian como super saludables y de esto tienen poco. En cambio, todos los beneficios que se anuncian en sus envases los podéis conseguir en alimentos más reales, más baratos, más sostenibles y mucho mejores para vuestro organismo.

Leer mucho, cuestionaros todo mucho, investigar, debatir y rebatir, leer etiquetas…es también clave en este proceso de cambio de hábitos.

Las obligaciones diarias me reclaman y hoy no son pocas, pero tenía ganas de escribiros y de ayudaros -como a mí me ayudaron- a entender que hay muchos mitos, mucho que aprender, mucho que evolucionar (yo todavía tengo que mejorar mucho mi alimentación y actividad física, aún soy totalmente novata en esto) y, por supuesto, nos queda mucho por ganar. Básicamente salud. Y ya sabéis que con la salud no se juega y nosotros, dueños de nuestros propios cuerpos, deberíamos ser los últimos en jugar con ella.

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2 comentarios en “La importancia de ser constante”

  1. Genial Désirée! Gracias por los enlaces, voy a leerlos. Siempre he pensado que la necesidad por comer está ligada (la mayoría de las veces que no siempre) a un pasado emocional complicado.
    Un abrazo,seguimos!

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